domingo, 1 de marzo de 2020
Saludos desde Laciana
Buena noche de San Juán para el personal callejero y fogateiro. Hoy, en algunos puntos de la Geografía de esta España del Siglo XXI, descreída y en la que se han perdido muchas de las costumbres de antaño, costumbres no relacionadas con La Religión y si con la Cultura de la Plebe, donde noches como esta, en recónditos lugares otrora eran celebración de "aquelarres" brujeriles e de "trasgus".
Noche que se ensalzaba el poder de la limpieza del fuego, la purificación de los malos augurios, y el deseo de un cambio de semblante para los venideros días. Se dejaban atrás, las reminiscencias del invierno, como, la ventolera y no definida primavera, para recibir la fuerza de la nueva vida y los calores veraniegos.
Aquí, hoy nuestro solar hispano, en esta nuestra España de los escándalos y vergüenzas políticas desairadas e irracionales, donde "el todo vale" se adueña de un existir social, económico y político, vergüenza de Sociedad Moderna y europeista desnortada y en la que vuelven a sobrevolar las plumas de las Extremas Derechas e Izquierdas como ocurriera hace décadas, en el Siglo XX, que conllevó la explosión de Las Guerras Mundiales, Guerras de Material y de Humanos, donde las victimas de unos y otros fueron millones los que quedaron en cunetas, campos de guerra y los exterminados en campos de concentración.
Es ahora, cuando los unos y los otros, juegan a ser "salvadores" de algo que está tan manido, obsoleto y enfermizo, donde queda en el olvido de los ciudadanos de a pié, porque ellos ya no creen, no confían en palabras vacías, en promesas incumplidas y reiteradas. Ya las Gentes, no admiten, no creen, ..., ¿Porque? Porque no tenemos Líderes, no tenemos La Figura del Orador que enardecía antaño las masas. Nuestra Sociedad ha caido en un abandono de falsos ídolos: Volvieron los IDOLOS DE PIES DE BARRO.
Nuestros Idolos de antaño han sido, por ellos mismos, los villanos que han engañado a esta Sociedad lastimada y decepcionada. Ellos, los que en su día venían con la de Pana, quienes se apartaron de la idiosincrasia del Régimen establecido, quienes durante años, lústros y décadas a la Sociedad Española nos hicieron ver y creer en nuevas sensaciones: Un Sistema de Desarrollo y Bienestar que ha desembocado en un hundimiento social. Un nuevo Sistema "Neocapitalista" destructor de todo aquel Sistema del Bienestar.
Hoy, comarcas mineras de antaño, son esqueletos mortecinos de otras glorias pretéritas, comarcas que generan provincias moribundas en economía y en población humana. Nuestras comarcas, en tiempos semillero rejuvenecido, donde la edad media de su población rondaba los 56 años, es el bastión de gentes cuya media de edad se sitúa sobre los 68 y mas años de existencia, sobrellevando el alejamiento de hijos y nietos a otras comarcas lejanas.
Ya no hay trafico, ni se ve el deambular vigoroso de los trabajadores paseando por los pueblos, quedan los pasos cansinos de estos seres mayores que luchan con su edad, algunos mozalbetes que se atreven a romper esa monotonía y poco más.
Si, poco más, porque más ya no da el sobreexistir en estas poblaciones, reductos de recuerdos de otros tiempos de glorias y riquezas, de sudores y dolorosas pérdidas.
lunes, 24 de septiembre de 2018
Saludos
MIRADAS Y VISIONES DESDE LACIANA
Un nuevo mirar hace que nuestro retrospectivo ejercicio derive a puntualizaciones variadas y en ocasiones no acogidas a normas encuadradas en los esquemas preconcebidos del arte de decir las cosas. Después de un periodo sin traer a este Blog novedades y sensaciones, aparcada la herramienta cuasi en el abandono, retomamos hoy la necesidad de dejar expresada la voluntad de la que hicimos deporte durante otros tiempos. Sacando a la luz semanal un ejercicio de opinión.
En su día en la radio comarcal: Radio Cope con La Ventana de Laciana. En Radio Laciana: El Mirador de Laciana. En prensa digital: Miradas y Visiones desde Laciana. Hemos intentado que en cada momento. En cada puntualización hubiera una nota de resalte social que incidiera sobre las problemáticas locales, comarcales, provinciales, autonómicas y nacionales.
Hoy, después de desempolvar la herramienta, (de asombrarnos cuanto tiempo iba que la habíamos dejado dormir), intentamos desentumecerla para que vuelva a tener su elasticidad y frescura.
Es asombroso, los aconteceres que hemos vivido en estos tiempos de aletargamiento y hacia adonde ha caminado esta Comarca de Laciana y con ella la Provincia. Una Comarca donde el monocultivo industrial vestido de negro del carbón llenaba calles y colegios con el dinero de sueldos y creditos que se firmaban en las diversas sucursales bancarias asentadas en la Comarca, con ello, negocios de variadas facetas mercantiles.ç
Una población en la Comarca que rondaba en la decada de 1980 la aproximación de 22.000 habitantes, hoy menguada a unos valores que rondan los 8.000 habitantes. Poblaciones de niveles de 5.000 habitantes como Caboalles de Abajo o Villaseca de Laciana han visto reducidos sus habitantes a unos niveles que hace 4 ó 5 décadas no podían ser imaginados.
La riqueza mineral no ha desaparecido. Está ahí. La reestructuración industrial mandada desde La Europa Unida, aliancista y de economía controlada, dió la puntilla a este rincón montañés de León alejado de la sempiterna y poderosa Alemania. Nuestras explotaciones de Industria Extractiva han sido cerradas con beneplácito del Gobierno de España. Reservas Mineras para un futuro incierto, donde el Oso y el Urogallo, junto a declaraciones Zepa y Life obligan a mirar hacia otros derroteros que implican la evoluición hacia un "turismo": ¿Ecológico?.
Lo que si es cierto es que esta Comarca, Esta Provincia, ... No están reestructuradas para soportar un Turismo que alimente y sustente un nivel de población como el que actualmente existe. Donde la sangría poblacional es manifiesta. La Juventud se transforma en MIGRANTES dentro de su propio país, por unas migajas de salario que ni por asomo es lo que sus progenitores consiguieron mes a mes en su anterior vida laboral.
Esta sociedad Lacianiega, Verciana, Leonesa, ... envejecida. Sin soportes ni estructuras tecnico-industriales competitivas está sirviendo de estadísticas negativas en el panorama nacional. La provincia española cuyas perdidas en el PIB, en POBLACION JOVEN, EN CONTRATACION, ... está cayendo en porcentajes de forma brutal e irracional.
¿La Clase Política de esta Provincia y de la Autonomía para donde miran?
En Alemania, con un 17 % de paro obrero después de la unificación, sus dirigentes se pusieron en plan de buscar soluciones viables y válidas, La Minería Alemana reabrió minas que hacía 20 años se habían cerrado, pero que seguían manteniéndose su conservación. Aqui: Nada! Todo esta bien! Escándalos de Economía Nacional Atracada, Rescates a la "Española", Banqueros y Políticos Corruptos con Fugas de Capitales a Paraísos Fiscales.
Empresas generadoras de Electricidad, privatizadas y adquiriendo carbón extranjero con indices de contaminación mas elevados que el producido en España, mientras, el carbón autóctono enterrado, tapiado y los operarios mineros: Prejubilados y los que podían estar trabajando, con las maletas rodando a miles de kilómetros separados de sus familias.
Esta es, en realidad sintetizada, la fotografía en blanco y negro que se vislumbra en estas Comarcas, Provincias y tierras montañesas donde de una subsistencia ganadera se llegó a una economia mixta y a un monocultivo industrial de explotación minera que ha conllevado a un cierre industrial que ha transformado La Sociedad en una Comarca sin recursos humanos jóvenes. Triste y Lamentable.
¿Donde está la tan cacareada Reestructuracíon de las cuencas Mineras? Hoy y ahora volvemos a oir al Gobierno decir y pujar por "El Carbón!", cuando el propio Felipe González Márquez en 1988 ya había firmado "el principio del fin" con las PRIMERAS PREJUBILACIONES MINERAS y Mariano Rajoy Brey envió firmado por el Sr. Soria un documento donde en su Gobierno se solicitaba de Europa la autorización del cierre de las Minas en España. Ahora todo son alaracas.
lunes, 18 de noviembre de 2013
La Guardia Civil expulsa ilegalmente a inmigrantes de Melilla a Marruecos (El País. Ignacio Cembrero Melilla 18 NOV 2013 - 13:08 CET)
- Las devoluciones se efectúan a escondidas a través de la puerta del sector A 13 de la verja
- EL PAÍS revela las conversaciones entre los agentes durante una entrega de subsaharianos
- Un 30% de los africanos que logran saltar la valla no ingresan en el CETI
- “¿Por qué el juez no quiere escuchar a un menor burkinés expulsado?”
- AUDIO Conversaciones entre los agentes durante una entrega de subsaharianos
“¿Se han hecho ya todas las rondas?”, preguntó Romeo 40 a Romeo 00. “Negativo”, le contestó su interlocutor. “Están poniendo pegas a última hora. Dicen que les llevemos por la zona del cementerio musulmán, por la zona más oscura”, añadió. La conversación, a través de la radio, la mantuvo un capitán de la Guardia Civil de Melilla con un suboficial poco después de medianoche el 26 de abril pasado.
Romeo seguido de un número es el criptómino que utilizan los agentes aunque a veces se les escapa un nombre propio. Las “rondas” a las que se refiere son las entregas nocturnas a las fuerzas de seguridad marroquíes de subsaharianos que han logrado saltar los seis metros de valla que separa a Melilla de Marruecos. EL PAÍS ha obtenido la grabación de las conversaciones mantenidas por los agentes esa noche, horas después de que se hubiera producido un salto de inmigrantes a través de la verja. Esa noche se llevó a cabo una “devolución en caliente” de subsaharianos a Marruecos, un operación que se efectúa con regularidad, según una fuente asociada a su preparación, pero que el delegado del Gobierno en Melilla, Abdelmalik el Barkani, siempre ha negado que se produzca. Serían probablemente ilegales, según la ley de extranjería y el real decreto 557 de 2011 que la desarrolla. La ley estipula que los extranjeros que entren irregularmente en España serán conducidos “con la mayor brevedad posible a la correspondiente comisaría” de policía “para que pueda procederse a su identificación y, en su caso, a su devolución”. Tendrán “derecho a la asistencia jurídica, así como a la asistencia de un intérprete”. Estos trámites no se cumplen siempre en Melilla. La Delegación del Gobierno da una estimación de los inmigrantes que en cada salto logran entrar en la ciudad, pero entre un 20% y un 30% de ellos nunca ingresan en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en el que todos se quieren hospedar. Ese desfase solo se explica porque son apresados en el camino entre la valla y la comisaría y expulsados a Marruecos. Al puñado de guardias civiles que protagonizan las devoluciones en expeditivas les exponen en la Comandancia que el acuerdo hispano-marroquí de 1992 sobre “readmisión de extranjeros entrados ilegalmente”, que entró en vigor en 2012 porque Rabat tardó en ratificarlo, les ampara legalmente. “Un inmigrante que sea interceptado, puede ser readmitido inmediatamente, sin ningún trámite, si Marruecos lo acepta (…), aunque cumpliendo los requisitos lógicos de reflexión y comunicación entre ambos países”, sostuvo, por ejemplo, el comandante Eduardo Lobo Espinosa durante un seminario celebrado en Melilla en mayo. El acuerdo bilateral prevé, sin embargo, unos trámites que tampoco se efectúan y varios juristas afirman que se incumple además la Convención de Ginebra para los Refugiados, suscrita por España. Hay que “acallar las voces que hablan de actuaciones ilegales de la Guardia Civil”, insistió El Barkani en ese mismo seminario. Se refería probablemente al Defensor del Pueblo, que ya en su informe de 2008 puso en tela de juicio su actuación en Ceuta, y a las ONG que, como la melillense Prodein, que denuncia las “expulsiones ilegales”. Este corresponsal pidió cita con el coronel Ambrosio Martín Villaseñor que manda la Guardia Civil en Melilla, pero la solicitud fue rechazada a través del gabinete de prensa del Instituto Armado porque “no es momento de hablar de inmigración”. En sus últimas alocuciones públicas el coronel recalcó que “en cada intervención, lo primero es salvar vidas [de inmigrantes] y después cumplir y hacer cumplir la ley”. “Las críticas a nuestra labor solamente favorecen a las mafias, dueñas y señores de este execrable negocio”, añadió. “¿Quiere usted que nos acerquemos al punto o cortamos la ronda?”, preguntó, el 26 de abril, un suboficial al capitán de la Guardia Civil a través de la radio. El “punto” es la A 13, un sector de los 12 kilómetros de la valla de Melilla, en el que un par de puertas permiten acceder a Marruecos. La ronda a las que alude son, en realidad, dos, la de Mariguari y la de Tres Forcas, ambas en la carretera de circunvalación que discurre a lo largo de la valla. Cerrarlas es impedir que ningún automovilista sea testigo de la operación. “Si, ve activando el protocolo en la A 13”, contestó el capitán. La A 13 está parcialmente tapada por una cuesta pronunciada y es además es única porción de la valla en la que no hay ninguna videocámara de vigilancia, según comprobó este corresponsal el jueves durante un recorrido de la zona. El Barkani declaró a la prensa, en septiembre, desconocer que allí no funcionaba cámara alguna. Dentro de dos semanas las cámaras de la valla no serán ya controladas desde la Comandancia de la Guardia Civil sino desde el Centro de Coordinación para la Vigilancia Marítima de Costas y Fronteras del Ministerio del Interior. “¿Se darán entonces cuenta que la A 13 de Melilla no está cubierta por ninguna cámara?”, se pregunta con sorna un melillense que acompañó a este corresponsal durante el recorrido. “Comunica al personal veleta que si [la entrega] puede ser por la puerta de abajo [de la A 13], que los furgones no suben la cuesta”, ordenó el capitán. El “personal veleta” es el nombre en clave de las fuerzas de seguridad y del Ejército marroquí desplegados del otro lado de la valla. Su interlocutor con la Guardia Civil es un oficial originario de Tánger que habla un español titubeante, un excelente francés y pasa sus vacaciones en Andalucía, según narró por teléfono a este corresponsal. Se sorprendió de la llamada e inquirió varias veces por el capitán del Instituto Armado con el que suele hablar. Más allá de readmitir a subsaharianos, por tierra y, a veces, también por mar, el papel de los marroquíes es fundamental. El éxito o el fracaso de un salto depende de la rapidez y la contundencia de su reacción cuando decenas, a veces centenares de subsaharianos, se dirigen corriendo y tirándoles piedras y dando palos para abrirse camino hacia la verja”. “Gracias al helicóptero, a las cámaras de visión nocturna etcétera la Guardia Civil ve venir a los inmigrantes a la carrera”, recuerda un funcionario que estuvo destinado en Melilla. “Con las alarmas y a través del teléfono avisa a las Fuerzas Auxiliares (antidisturbios conocidos en Marruecos con el nombre de mejanía)y al Ejército marroquí cuyos campamentos circundan la verja”, prosigue. “Ante la avalancha humana los marroquíes se quitan de en medio, en un primer momento, y solo empiezan a actuar, con todo lo que tienen a su alcance excepto armas de fuego, cuando los africanos comienzan a escalar por la valla”, añade el funcionario. “Hacen entonces lo imposible para impedirles trepar”. Los furgones, en los que trasladan a los inmigrantes, estaban en mal estado esa noche de finales de abril. Los marroquíes querían que la entrega se hiciera a través de la puerta situada en lo alto de la cuesta del sector A 13. “No sé si van a subir los furgones”, dudó un guardia a través de la radio. “(…) a ver si en marcha atrás suben”, sugirió otro. “¡A ver, que tenemos una furgoneta rota! ¡No sube!”, le contestaron. “Bueno, pues subid lo que tengáis y ahora hacemos un trasvase en el otro celular”, fue la solución propuesta hasta que los marroquíes cedieron y aceptaron recibirles a través la otra puerta, situada debajo de la cuesta. A lo largo de los últimos años la inmigración irregular ha prácticamente desaparecido en las costas de Canarias y ha disminuido en las de la Península, pero en Ceuta y Melilla se ha producido en los últimos meses un repunte a niveles similares a los de finales de 2005. Prueba de ello es que el CETI llegó este mes a acoger a 1.012 refugiados, la mayoría subsaharianos, la cifra más alta desde hace ocho años. Las devoluciones “en caliente” sirven no solo a reducir al número de inmigrantes sino a enviar un mensaje disuasorio a los que están en los montes que rodean Melilla como también las concertinas (cuchillas entremezcladas con alambre) que, a finales de mes, habrán sido recolocadas en tres kilómetros –en los lugares donde se producen la mayoría de los saltos- de los 12 de la valla de Melilla. “Con cuchillas, con zanjas, con alambre de espino… pongan lo que pongan lo seguiremos intentando”, asegura en la puerta del CETI Walinjom, camerunés de 25 años, que logró introducirse en Melilla el pasado verano. “Pero que no se preocupen los españoles porque no me quiero quedar en su país sino ir más al norte que es donde tengo familia”, añade. Las cuchillas fueron instaladas una primera vez a finales de 2005, pero dos años después fueron retiradas tras observar los profundos cortes que causaban en las piernas, manos y rostro de los subsaharianos que no renunciaban a saltar la valla, pero se proveían de viejas mantas o de ropa abundante para tratar de aminorar las heridas. 2005 fue el año de la elevación de la verja de tres a seis metros de altura, de la colocación de las concertinas en lo alto de la valla y de la instalación de un interminable circuito de tuberías alimentadas por unas 70 bombas de presión que debían rociar a los subsaharianos con un líquido urticante que les haría renunciar a trepar. Todo ello costó más de 30 millones de euros, pero sirvió de poco. La emulsión irritante, por ejemplo, solo fue utilizada en pruebas. Quedó claro entonces que, en función de la dirección del viento, podía acabar regando a los guardias civiles que, presos de picores, no pudieran cumplir con su labor.
Más información:
- El Ministerio del Interior reintroduce las cuchillas en la verja de Melilla
- La colocación de cuchillas en la verja de Melilla precipita un salto masivo
- La policía busca recuperar en Marruecos a dos menores expulsados de España
- “¿Por qué el juez no quiere escuchar a un menor burkinés expulsado?”
- “La valla de Melilla es una lucha cuerpo a cuerpo”
- La ‘ciudad’ de la espera permanente
martes, 8 de octubre de 2013
sábado, 15 de diciembre de 2012
La oportunidad de una primera y única vez
Asombrosamente, hoy puedo estar refiriendo a quienes se han transformado en oyentes (Oyentes de Lujo), para relatar la experiencia que se me ha presentado como humano y trabajador. Al mismo tiempo, el recuerdo de aquellos instantes, se revela como momento actual, aún, siendo pretérito lejano en los días de la existencia humana como en la laboral de la que hoy estamos desligados.
Empleado de MSP, desempeñando tareas de administrativo por el año 1987. En estas circunstancias me ofrecen la ocasión de entrar en la Mina para conocerla en lo más esencial: Su Naturaleza. Su Ego. En estas fechas llevaba tres años y meses desarrollando las funciones de Administrativo y al respecto de la Naturaleza Minera “tocaba de oreja”, sin la oportunidad de observar, para decir de forma más exacta, ver aquello que de tiempo en tiempo sacudía la Sociedad del Pueblo donde residíamos y en donde la Mina tenía su asentamiento.
Desde mí llegada a esta geografía nueva, participé en entierros de jóvenes y no tan jóvenes, que entregaron como precio su vida a La Mina, a Ella: La Dama Negra. Viendo salir sobre las chapas cargadas en los vagones, cuerpos accidentados y cuerpos sin vida. Vidas de jóvenes que empezaban a ser hombres y hombres adultos cuya juventud murió en la mina sin que hubiera accidente alguno. Su muerte en la mina, tan real como cruel, no tenía vuelta de hoja. Desde los dieciocho años el joven se transformaba en hombre. Su supervivencia diaria dependía del vínculo con el otro: Su pareja. Uno y Otro, dependían recíprocamente en su existir en el laboreo diario dentro de las entrañas de Ella. Ella, que de tanto en cuanto, se cobraba el tributo no pactado. Todo era por permitir que arrancara el mineral en el interior de sus entrañas.
Aquel día, con funda minera, botas poceras y el casco minero calado en la cabeza, iniciamos la andadura hacia Ella. Desde la Oficina hacia la lampistería: Con paso tranquilo y decidido, el recorrido del trecho a recorrer se transformara en varias veces la dimensión real que tenía de longitud. ¡Que largo parecía! Cuantas veces, antes de ahora, había andado aquel trecho y nunca había parecido tan exagerada aquella distancia. Como si de un acto sacrosanto se tratara, el lampistero con un cortés saludo, nos facilitó las lámparas correspondientes, la del Señor Facultativo y la que me asignaron como visita de aquella jornada. El Señor Facultativo, El Capataz, sería quien iba a ejercer de guía y cicerone en esta singular ocasión a este aventurero administrativo. Iba a tener la oportunidad de captar una idea superficial, pero, aproximada de lo que era el mundillo de bocamina para adentro.
Al punto de iniciar aquella visita al interior de la Mina, el peso de la pila ya se “acomodó” a la cintura enhebrada en cinto minero, con el foco encastrado en el caso iba a ser nuestra ayuda y guía aquel día por las oscuridades de sus entrañas. Traspasamos la bocamina, enfilando por la galería. Dejamos de ver la claridad del exterior. Estábamos en sus dominios.
La Galería Principal, por ella entraban los hombres, los materiales, las máquinas, antes en vez de máquinas eran los animales, las mulas y mulos que realizaban el arrastre del mineral arrancado. También por esta Galería venían a ver la luz del exterior las formaciones de vagones que portaban en sus cuencos el mineral y el estéril arrancado a la mina.
Al final de la jornada aquellos hombres que habían entrado bocamina para adentro, volvían al exterior con sus caras y ropas tiznadas del polvo del mineral. Sus semblantes sobrios y serios venían a ser ahora gestos dramáticos, duros. Salían por la bocamina como si hubieran batallado con sus fuerzas con un enemigo al que día a día eran incapaces de vencer. De entre ellos alguno fue reclamado por Ella, como amargo tributo.
Una Galería donde: Roca, Madera e Hierro se alternaban creando su estructura. El vial por donde discurriría jornada a jornada, la vida de la Mina. En la que humanos, animales y máquinas hicieron la Historia del existir de cada explotación de montaña o de cada pozo vertical que hollaba las entrañas de la Madre Tierra.
En su inicial recorrido, poca distancia habíamos recorrido, nos desviamos a la izquierda por un “recorte” que partía del “transversal general”. Nos llevaba hasta el “frente de avance” de una “guía en la que Barrenista y Ayudante saneaban el frente y colocarían “cuadros” y “enrachonadas” para ir creando el avance seguro de la guía transformándola en galería. Este laboreo permitía que la pareja de Barrenista y Ayudante no se viera sorprendida por derrumbes y tuvieran cierta protección de sus personas.
Tuve la oportunidad de observar en este laboreo la dureza del trabajo y aunque la presencia de maquinaria moderna ayuda en el laboreo moderno, el esfuerzo que los operarios desarrollan en el ambiente de humedad y polvo en el que se realiza su actividad, supone un continuo sobreesfuerzo como una constante merma de las facultades de quienes desarrollan sus actividades en estas circunstancias día tras día de trabajo.
No se llega a hacer uno la idea exacta de este tipo de actividad, hasta que se toma la decisión de entrar a ver, y llevar al lado una autoridad de la actividad. Si a ello sumamos las explicaciones complementarias de los compañeros de casco y funda en cuestión, obtiene un detalle más ajustado a la realidad que lo que se podía pintar en una oficina donde llegan al final o principio de jornada los partes de los Vigilantes, cargados de datos que se habrán de transcribir a libretas o grabar en sistemas informáticos.
Volvimos por los pasos que nos habían llevado al frente de avance, hacia la Galería General, con la finalidad de ir girando visita a otros lugares de la mina: Tajos en activo y observar otras dedicaciones y diversas actividades mineras.
En la Galería General: Seguimos adentrándonos hacia el interior, llegando a la altura donde se encontraban los tornos de los cabrestantes que arrastraban una de las rozadoras que servían para el arranque del carbón en la capa que teníamos a nuestros pies y que había cortado en su día la Galería General.
Aquella forma de explotación era lo que conocíamos (de oídas) Arranque Mecanizado, allí estaba en toda su naturaleza: Potente y rugidora como si algo superior a lo inimaginable se apoderase de personas y restantes máquinas. Aquel ruido imperaba en toda aquella rampa, (luego la veríamos de cerca). Una rampa que de Galería Superior a Galería Inferior arrancaba con aquel rodillo frontal lleno de garras de acero el mineral que se iba desplazando hacia la parte inferior del “taller”, para ser luego cargado en vagones o bien con un “páncer” arrastrado hacia una cinta transportadora que lo desplazaba hacia el exterior para acumularlo en una tolva que alimentaría las cajas vacías de camiones que lo portarían hacia el lavadero o directamente a térmica.
E aquí que fue donde mi primera duda de la jornada me sobresaltó: ¿Por dónde acceden los trabajadores que están junto a la rozadora? Al preguntar al Facultativo, la respuesta fue fulminante acompañada por un gesto semejante al de Colón, con un dedo directriz, acusador y exacto: ¡Por ahí! Si tuviera que poner en claro un escondrijo en una noche oscura creo que, jamás podría identificar o crear un punto tan endiabladamente camuflado, como el hueco por el que los hombres accedían de la Galería al Taller en aquel caso. Me costó identificarlo y fue el Señor Facultativo quien se adentró por él enseñándome modo y manera de acceder al taller sin sufrir menoscabo de mi naturaleza. Posteriormente me indicó como habría de hacer para ir descendiendo entre aquel enramado de puntalas de pino de no median más de metro y medio (escaso en ocasiones) que sostenían la “calle” que había quedado sin carbón el día anterior o dos días antes.
Estaba en un mundo totalmente nuevo, desconocido: Estaba sudando. No sé si sería de la tensión o el esfuerzo adjunto de andar por aquellos andurriales y desniveles con tanta tensión acumulada. Una situación nueva. El día a día curte a la gente. Los miedos y preocupaciones se dejan en la percha del “Cuarto de Aseo”. Quedan de bocamina para afuera. Adentro si hay miedos no se muestran y si las chinas comienzan a caer sobre el casco se procura buscar unos pasos para atrás una seguridad que ofrezca un mínimo de confianza.
El Minero sabe que cuando la mina aprieta, las puntalas comienzan a cantar, Las Puntalas, los Bastidores, las Enrachonadas, en la galería las “Trabancas” de los viejos cuadros de roble crujían y cedían ante el empuje de miles de toneladas de mineral, tierra e inclusive de lajas de pizarra que llegada la ocasión había que cortar durante varios días para afianzar los techos y dar paso en las galerías hundidas por el empuje. O bien, quebraban con chasquidos sordos, cuando la quiebra apretaba de forma repentina con un potente costero que arrastraba cuadros y cegaba las galerías.
En aquel “taller mecanizado”, al pie del monstruo de acero y garras con cabezas de vidia, una serie de focos bailaban en son de ella con el realizar del laboreo común: Eranse unos haciendo el posteo de la parte que quedaba en banda con puntalas y bastidores a techo, Otros empujaban el menudo por el plano abajo hacia el pancer. Otros, vigilante incluido, iban saneando el techo con el fin de que no causara sorpresas desagradables si quedaba algo sin arrancar y fuera que más tarde se desprendiera y causara perjuicio a los que más abajo trabajaban.
Señales luminosas emitidas desde abajo, hacia el operario que manejaba los tornos, servían para crear un lenguaje silencioso, rápido y eficaz que transmitía un mensaje certero y legible del emisor al receptor. Este, a la recepción, paraba o arrancaba de nuevo la máquina. Movía un torno u otro de los que transmitían la tracción de la máquina. Paraba llegado el caso, si se trataba de realizar operaciones de aproximación, de la máquina hacia el hastial. O si se hubiera averiado y fuera necesaria su reparación el bloqueo lo realizaba el maquinista a la orden de la luz enviada desde el lugar donde había quedado la máquina.
Un lugar de trabajo, inclinado, que causaba impresión. Un ambiente de ruido ensordecedor que originaba la máquina y junto con ella los martillos picadores que se utilizaban con la finalidad de sanear la franja que recorría la máquina y que había escarnecido la misma en su avance.
Este tajo, el laboreo del arranque mecanizado llevaba consigo la dedicación de un número de operarios que sin estar presentes se hacían numerosos dado que el sólo hecho de una máquina rozadora implicaba un nutrido grupo de operarios que desempeñaban una diversidad de operaciones todas ellas diferentes, pero, correlacionadas.
Era la consecución de una producción mucho más cuantiosa que la que pudieran llevar a cabo una serie de personas picando con los respectivos ayudantes. Así mismo, este tipo de explotación tan peculiar traía consigo en ocasiones experiencias dolorosas y tan amargas como la explotación que había sustituido a la pica de franqueo y a la pala tradicional: La explotación a Martillo Picador.
La Mina, tenía su particular sistema de cobro. Era poco frecuente, pero, si se observaba con un mínimo de detenimiento se llegaba a adivinar cuando iba a trastocar la paz y tranquilidad del ambiente laboral con su cobro de tributo en vidas humanas. Lo más frecuente era que su comportamiento se cobrara el tributo o tributos, por sorpresa. Hubo ocasiones que no se conformó con arrancar de la vida: Una Vida Humana, fueron: dos, tres, inclusive en algunas ocasiones en zonas mineras diferentes se tomó un puñado de Vidas con un mismo golpe. Importaba poco si fueran veteranos o fueran jóvenes. Era lo mismo, el zarpazo lo lanzaba, al que trababa lo arrancaba con ella.
Sigo quedando sorprendido cuando las personas mayores del pueblo que aún recuerdan, hablan de nombres, apodos, fechas, conexiones familiares y parentescos de aquellos a los que conocieron desde su incipiente recuerdo hasta el día del presente, de la Última Víctima en el pueblo, en la zona. En la Mina.
Siguen hablando con el temor amargo. Con el rasgo seco e inmutable de la desgracia pintada en su rostro ajado de los años y con marcas que dejó el carbón de algún desprendimiento que cortó y marcó su piel. Hablan con la tranquilidad que da la existencia de una relativa calma que hacen ya fuera de La Mina. Ellos siguen teniendo ese temor en su cara, el temor de que un día lleve Ella a otro u otros que son conocidos de ellos, de sus familias, de su sangre. Sigue perviviendo el trémulo temor. Un temor vivo que aja no solo la piel de su cara, sino, que también hiere sus corazones.
Esta experiencia, desde el taller donde estábamos tenía ya poco más de duración. Habíamos vuelto a salir a la galería de arriba el Facultativo y el Administrativo Aventurero. Las despedidas breves y con un “hasta luego” nos íbamos a ir volviendo de regreso hacia la bocamina y al punto final de aquella actividad extraordinaria que no habría de volver a ocurrir en otra ocasión en mi actividad profesional en la empresa.
La andadura que nos llevaría de nuevo hacia el exterior tubo otra connotación que ocupó parte de la andadura: El Silencio. Volvimos a hablar desde que traspusimos el arco de piedra de la bocamina, hasta entonces uno y otro pocas palabras cruzamos.
Había sido poseído por algo que aún hoy no sabría cómo definir, parecía que algo se había apropiado del YO, Algo de ello debió de interpretar el Facultativo que hasta sobrepasar la bocamina me observaba de trecho en trecho y no daba palabra pronunciada. La ducha de rigor, el cambio de vestimentas y el volver a poner la vestimenta ordinaria de calle, me hizo entrar de nuevo en la realidad del momento. Ahí parecía que había terminado el sueño de la noche donde el cuerpo recupera las fuerzas gastadas del día de trabajo.
Aquel día, hasta que se terminó la jornada laboral administrativa, poco fue lo que hablé, si acaso algunos minutos que dedique al interrogatorio que embargaba las curiosas mentes de los compañeros de la oficina.
Cuando caminaba carretera abajo, desde el grupo al pueblo, aún volví la vista hacia arriba, al edificio de la lampistería que se avistaba desde la carretera. Había estado allí, antes de hoy, de forma muy diferente. El hoy, hacía que la rutina cambiara de forma y signo el nuevo devenir del mañana. Sería una experiencia que daría una nueva visión a mis ideas de minería, compañerismo y amistad: La oportunidad de una primra y única vez.
Desde mí llegada a esta geografía nueva, participé en entierros de jóvenes y no tan jóvenes, que entregaron como precio su vida a La Mina, a Ella: La Dama Negra. Viendo salir sobre las chapas cargadas en los vagones, cuerpos accidentados y cuerpos sin vida. Vidas de jóvenes que empezaban a ser hombres y hombres adultos cuya juventud murió en la mina sin que hubiera accidente alguno. Su muerte en la mina, tan real como cruel, no tenía vuelta de hoja. Desde los dieciocho años el joven se transformaba en hombre. Su supervivencia diaria dependía del vínculo con el otro: Su pareja. Uno y Otro, dependían recíprocamente en su existir en el laboreo diario dentro de las entrañas de Ella. Ella, que de tanto en cuanto, se cobraba el tributo no pactado. Todo era por permitir que arrancara el mineral en el interior de sus entrañas.
Aquel día, con funda minera, botas poceras y el casco minero calado en la cabeza, iniciamos la andadura hacia Ella. Desde la Oficina hacia la lampistería: Con paso tranquilo y decidido, el recorrido del trecho a recorrer se transformara en varias veces la dimensión real que tenía de longitud. ¡Que largo parecía! Cuantas veces, antes de ahora, había andado aquel trecho y nunca había parecido tan exagerada aquella distancia. Como si de un acto sacrosanto se tratara, el lampistero con un cortés saludo, nos facilitó las lámparas correspondientes, la del Señor Facultativo y la que me asignaron como visita de aquella jornada. El Señor Facultativo, El Capataz, sería quien iba a ejercer de guía y cicerone en esta singular ocasión a este aventurero administrativo. Iba a tener la oportunidad de captar una idea superficial, pero, aproximada de lo que era el mundillo de bocamina para adentro.
Al punto de iniciar aquella visita al interior de la Mina, el peso de la pila ya se “acomodó” a la cintura enhebrada en cinto minero, con el foco encastrado en el caso iba a ser nuestra ayuda y guía aquel día por las oscuridades de sus entrañas. Traspasamos la bocamina, enfilando por la galería. Dejamos de ver la claridad del exterior. Estábamos en sus dominios.
La Galería Principal, por ella entraban los hombres, los materiales, las máquinas, antes en vez de máquinas eran los animales, las mulas y mulos que realizaban el arrastre del mineral arrancado. También por esta Galería venían a ver la luz del exterior las formaciones de vagones que portaban en sus cuencos el mineral y el estéril arrancado a la mina.
Al final de la jornada aquellos hombres que habían entrado bocamina para adentro, volvían al exterior con sus caras y ropas tiznadas del polvo del mineral. Sus semblantes sobrios y serios venían a ser ahora gestos dramáticos, duros. Salían por la bocamina como si hubieran batallado con sus fuerzas con un enemigo al que día a día eran incapaces de vencer. De entre ellos alguno fue reclamado por Ella, como amargo tributo.
Una Galería donde: Roca, Madera e Hierro se alternaban creando su estructura. El vial por donde discurriría jornada a jornada, la vida de la Mina. En la que humanos, animales y máquinas hicieron la Historia del existir de cada explotación de montaña o de cada pozo vertical que hollaba las entrañas de la Madre Tierra.
En su inicial recorrido, poca distancia habíamos recorrido, nos desviamos a la izquierda por un “recorte” que partía del “transversal general”. Nos llevaba hasta el “frente de avance” de una “guía en la que Barrenista y Ayudante saneaban el frente y colocarían “cuadros” y “enrachonadas” para ir creando el avance seguro de la guía transformándola en galería. Este laboreo permitía que la pareja de Barrenista y Ayudante no se viera sorprendida por derrumbes y tuvieran cierta protección de sus personas.
Tuve la oportunidad de observar en este laboreo la dureza del trabajo y aunque la presencia de maquinaria moderna ayuda en el laboreo moderno, el esfuerzo que los operarios desarrollan en el ambiente de humedad y polvo en el que se realiza su actividad, supone un continuo sobreesfuerzo como una constante merma de las facultades de quienes desarrollan sus actividades en estas circunstancias día tras día de trabajo.
No se llega a hacer uno la idea exacta de este tipo de actividad, hasta que se toma la decisión de entrar a ver, y llevar al lado una autoridad de la actividad. Si a ello sumamos las explicaciones complementarias de los compañeros de casco y funda en cuestión, obtiene un detalle más ajustado a la realidad que lo que se podía pintar en una oficina donde llegan al final o principio de jornada los partes de los Vigilantes, cargados de datos que se habrán de transcribir a libretas o grabar en sistemas informáticos.
Volvimos por los pasos que nos habían llevado al frente de avance, hacia la Galería General, con la finalidad de ir girando visita a otros lugares de la mina: Tajos en activo y observar otras dedicaciones y diversas actividades mineras.
En la Galería General: Seguimos adentrándonos hacia el interior, llegando a la altura donde se encontraban los tornos de los cabrestantes que arrastraban una de las rozadoras que servían para el arranque del carbón en la capa que teníamos a nuestros pies y que había cortado en su día la Galería General.
Aquella forma de explotación era lo que conocíamos (de oídas) Arranque Mecanizado, allí estaba en toda su naturaleza: Potente y rugidora como si algo superior a lo inimaginable se apoderase de personas y restantes máquinas. Aquel ruido imperaba en toda aquella rampa, (luego la veríamos de cerca). Una rampa que de Galería Superior a Galería Inferior arrancaba con aquel rodillo frontal lleno de garras de acero el mineral que se iba desplazando hacia la parte inferior del “taller”, para ser luego cargado en vagones o bien con un “páncer” arrastrado hacia una cinta transportadora que lo desplazaba hacia el exterior para acumularlo en una tolva que alimentaría las cajas vacías de camiones que lo portarían hacia el lavadero o directamente a térmica.
E aquí que fue donde mi primera duda de la jornada me sobresaltó: ¿Por dónde acceden los trabajadores que están junto a la rozadora? Al preguntar al Facultativo, la respuesta fue fulminante acompañada por un gesto semejante al de Colón, con un dedo directriz, acusador y exacto: ¡Por ahí! Si tuviera que poner en claro un escondrijo en una noche oscura creo que, jamás podría identificar o crear un punto tan endiabladamente camuflado, como el hueco por el que los hombres accedían de la Galería al Taller en aquel caso. Me costó identificarlo y fue el Señor Facultativo quien se adentró por él enseñándome modo y manera de acceder al taller sin sufrir menoscabo de mi naturaleza. Posteriormente me indicó como habría de hacer para ir descendiendo entre aquel enramado de puntalas de pino de no median más de metro y medio (escaso en ocasiones) que sostenían la “calle” que había quedado sin carbón el día anterior o dos días antes.
Estaba en un mundo totalmente nuevo, desconocido: Estaba sudando. No sé si sería de la tensión o el esfuerzo adjunto de andar por aquellos andurriales y desniveles con tanta tensión acumulada. Una situación nueva. El día a día curte a la gente. Los miedos y preocupaciones se dejan en la percha del “Cuarto de Aseo”. Quedan de bocamina para afuera. Adentro si hay miedos no se muestran y si las chinas comienzan a caer sobre el casco se procura buscar unos pasos para atrás una seguridad que ofrezca un mínimo de confianza.
El Minero sabe que cuando la mina aprieta, las puntalas comienzan a cantar, Las Puntalas, los Bastidores, las Enrachonadas, en la galería las “Trabancas” de los viejos cuadros de roble crujían y cedían ante el empuje de miles de toneladas de mineral, tierra e inclusive de lajas de pizarra que llegada la ocasión había que cortar durante varios días para afianzar los techos y dar paso en las galerías hundidas por el empuje. O bien, quebraban con chasquidos sordos, cuando la quiebra apretaba de forma repentina con un potente costero que arrastraba cuadros y cegaba las galerías.
En aquel “taller mecanizado”, al pie del monstruo de acero y garras con cabezas de vidia, una serie de focos bailaban en son de ella con el realizar del laboreo común: Eranse unos haciendo el posteo de la parte que quedaba en banda con puntalas y bastidores a techo, Otros empujaban el menudo por el plano abajo hacia el pancer. Otros, vigilante incluido, iban saneando el techo con el fin de que no causara sorpresas desagradables si quedaba algo sin arrancar y fuera que más tarde se desprendiera y causara perjuicio a los que más abajo trabajaban.
Señales luminosas emitidas desde abajo, hacia el operario que manejaba los tornos, servían para crear un lenguaje silencioso, rápido y eficaz que transmitía un mensaje certero y legible del emisor al receptor. Este, a la recepción, paraba o arrancaba de nuevo la máquina. Movía un torno u otro de los que transmitían la tracción de la máquina. Paraba llegado el caso, si se trataba de realizar operaciones de aproximación, de la máquina hacia el hastial. O si se hubiera averiado y fuera necesaria su reparación el bloqueo lo realizaba el maquinista a la orden de la luz enviada desde el lugar donde había quedado la máquina.
Un lugar de trabajo, inclinado, que causaba impresión. Un ambiente de ruido ensordecedor que originaba la máquina y junto con ella los martillos picadores que se utilizaban con la finalidad de sanear la franja que recorría la máquina y que había escarnecido la misma en su avance.
Este tajo, el laboreo del arranque mecanizado llevaba consigo la dedicación de un número de operarios que sin estar presentes se hacían numerosos dado que el sólo hecho de una máquina rozadora implicaba un nutrido grupo de operarios que desempeñaban una diversidad de operaciones todas ellas diferentes, pero, correlacionadas.
Era la consecución de una producción mucho más cuantiosa que la que pudieran llevar a cabo una serie de personas picando con los respectivos ayudantes. Así mismo, este tipo de explotación tan peculiar traía consigo en ocasiones experiencias dolorosas y tan amargas como la explotación que había sustituido a la pica de franqueo y a la pala tradicional: La explotación a Martillo Picador.
La Mina, tenía su particular sistema de cobro. Era poco frecuente, pero, si se observaba con un mínimo de detenimiento se llegaba a adivinar cuando iba a trastocar la paz y tranquilidad del ambiente laboral con su cobro de tributo en vidas humanas. Lo más frecuente era que su comportamiento se cobrara el tributo o tributos, por sorpresa. Hubo ocasiones que no se conformó con arrancar de la vida: Una Vida Humana, fueron: dos, tres, inclusive en algunas ocasiones en zonas mineras diferentes se tomó un puñado de Vidas con un mismo golpe. Importaba poco si fueran veteranos o fueran jóvenes. Era lo mismo, el zarpazo lo lanzaba, al que trababa lo arrancaba con ella.
Sigo quedando sorprendido cuando las personas mayores del pueblo que aún recuerdan, hablan de nombres, apodos, fechas, conexiones familiares y parentescos de aquellos a los que conocieron desde su incipiente recuerdo hasta el día del presente, de la Última Víctima en el pueblo, en la zona. En la Mina.
Siguen hablando con el temor amargo. Con el rasgo seco e inmutable de la desgracia pintada en su rostro ajado de los años y con marcas que dejó el carbón de algún desprendimiento que cortó y marcó su piel. Hablan con la tranquilidad que da la existencia de una relativa calma que hacen ya fuera de La Mina. Ellos siguen teniendo ese temor en su cara, el temor de que un día lleve Ella a otro u otros que son conocidos de ellos, de sus familias, de su sangre. Sigue perviviendo el trémulo temor. Un temor vivo que aja no solo la piel de su cara, sino, que también hiere sus corazones.
Esta experiencia, desde el taller donde estábamos tenía ya poco más de duración. Habíamos vuelto a salir a la galería de arriba el Facultativo y el Administrativo Aventurero. Las despedidas breves y con un “hasta luego” nos íbamos a ir volviendo de regreso hacia la bocamina y al punto final de aquella actividad extraordinaria que no habría de volver a ocurrir en otra ocasión en mi actividad profesional en la empresa.
La andadura que nos llevaría de nuevo hacia el exterior tubo otra connotación que ocupó parte de la andadura: El Silencio. Volvimos a hablar desde que traspusimos el arco de piedra de la bocamina, hasta entonces uno y otro pocas palabras cruzamos.
Había sido poseído por algo que aún hoy no sabría cómo definir, parecía que algo se había apropiado del YO, Algo de ello debió de interpretar el Facultativo que hasta sobrepasar la bocamina me observaba de trecho en trecho y no daba palabra pronunciada. La ducha de rigor, el cambio de vestimentas y el volver a poner la vestimenta ordinaria de calle, me hizo entrar de nuevo en la realidad del momento. Ahí parecía que había terminado el sueño de la noche donde el cuerpo recupera las fuerzas gastadas del día de trabajo.
Aquel día, hasta que se terminó la jornada laboral administrativa, poco fue lo que hablé, si acaso algunos minutos que dedique al interrogatorio que embargaba las curiosas mentes de los compañeros de la oficina.
Cuando caminaba carretera abajo, desde el grupo al pueblo, aún volví la vista hacia arriba, al edificio de la lampistería que se avistaba desde la carretera. Había estado allí, antes de hoy, de forma muy diferente. El hoy, hacía que la rutina cambiara de forma y signo el nuevo devenir del mañana. Sería una experiencia que daría una nueva visión a mis ideas de minería, compañerismo y amistad: La oportunidad de una primra y única vez.
Villaseca de Laciana,14 de noviembre de 2012
jueves, 29 de noviembre de 2012
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